diumenge, 16 de desembre de 2007

Bàrbara Forés, el vino de la Terra Alta

Foto: Mariano Cebolla

Una de mis bodegas de referencia en la D.O. Terra Alta, es sin duda el Celler Bàrbara Forés, y lo es a mi modo de ver, no solamente por la calidad de sus vinos y su moderada relación calidad precio, sino por que consiguen elaborar unos vinos muy personales que, a la vez, son capaces de reflejar su origen de manera elegante y sin estridencias.

Cooperativas modernistas de La Terra Alta proyectadas por el arquitecto Cèsar Martinell i Brunet, discípulo de Gaudí.

Cooperativa de Gandesa (1919).

Interior de la Cooperativa del Pinell de Brai (1918).

En una comarca en la que la mayor parte del vino que se elabora está dirigido a un consumo masivo y procede de cooperativas, unas más profesionalizadas que otras, pero sin llegar a lo que yo llamo el paradigma de las cooperativas modernas.
Léase por ejemplo el Celler Capçanes en la D.O. Montsant, que elaboran vinos que respetan y reflejan un determinado terruño, sin mezclar, o mejor dicho sin "diluir" los frutos de unas cepas viejas y bien trabajadas, con los de otras que principalmente buscan producción.
En este contexto, el enfoque de la bodega Bàrbara Forés ha sido el de dotar a cada uno de sus vinos de un sello personal, respetando la personalidad de cada viduño y de cada finca. Esta es su mejor baza y creo que la juegan con acierto.

Así que aprovechando una de nuestras visitas a mi pueblo natal, Flix, decidimos llamar a la bodega para concertar una visita (ya que más de una vez nos hemos quedado en la calle merodeando y creyendo que estaba cerrada). Animados y con muchas ganas, pero no quizá con las expectativas muy altas, nos desplazarnos hasta la vecina Gandesa para, por fin, ver la bodega por dentro y charlar con sus propietarios.

Si bien debo decir que conozco la bodega y sus vinos desde prácticamente su fundación, desde el día en que visitamos la bodega, ha cambiado considerablemente mi visión sobre ésta. Tanto que desde entonces tengo la sensación de haber "redescubierto" los vinos de Bàrbara Forés. Pero no todo está mi punto de vista, ya que ha sido la bodega quien, con un trabajo esmerado y bien dirigido, ha hecho evolucionar sus vinos buscando más fruta en los blancos y mayor fineza en los tintos.

Por lo tanto no interpretéis que me dejo llevar fácilmente por la emoción de estar en contacto directo con el vino, ya que esto no siempre nos sucede así. Monumentales también han sido las decepciones que nos hemos llevado en más de una visita, lo que sucede es que no me gusta escribir sobre mis experiencias negativas, sobre todo para no tener que recordarlas.

Vinos de Bàrbara Forés

  • Blanc, blanco joven con garnacha blanca y viognier. (5,50€)
  • Rosat, vino rosado de Garnacha tinta, Sirah y Cariñena. (5,50€)
  • Negre, tinto de Garnacha tinta, Sirah, Cariñena y otras con un año de crianza. (10,50€)
  • El Quintà, blanco de garnacha blanca fermentado en barrica. (12,00€)
  • El Templari, vino tinto de garnacha tinta y Morenillo. (10,50€)
  • Coma d'En Pou, tinto con crianza de Garnacha Tinta, Sirah, Cabernet Sauvignon, Merlot. (20,00€)
  • Dolç natural, vino dulce natural de garnacha blanca fermentado en barrica. (50 cl)

(Precios aproximados)

A nuestra llegada, nos recibieron el matrimonio formado por Carme Ferrer Escoda y Manuel Sanmartín. Ellos fundaron la bodega en el año 1994 recuperando de esta manera una la tradición familiar de más de un siglo. De hecho, el bisabuelo de Carme (a la vez hijo de Bàrbara Forés), ya embotelló vino a principios del siglo pasado e hizo construir la actual casa-bodega, obra del arquitecto modernista Ramon Salas i Ricomà (Tarragona 1848-1926).
"Demasiado grande para una casa y demasiado pequeña para una bodega" fueron las palabras de Carme, que dejaron intuir que todavía pueden seguir creciendo. De hecho empezaron hace catorce años con 5.000 botellas y a día de hoy la producción ya alcanza las 50.000 unidades.
Actualmente elaboran siete tipos de vinos distintos, además de algún encargo especial y sonado, como el vino que elaboraron y embotellaron mientras se casaban los Príncipes de Asturias y que la empresa que lo comercializa (Vijoix), posteriormente ha convertido en el vino más caro del mundo.

La Terra Alta es una de las comarcas más meridionales de Catalunya. Situada en el margen derecho del tramo final del río Ebro y protegida por las Sierras de Pàndols y Cavalls y por el macizo de Ports (1.400m), la mayor parte de sus tierras están situadas sobre un altiplano que oscila entre los 350 y 600 metros sobre el nivel del mar. Es ahí, en el término de Gandesa, donde están situadas las distintas fincas de Bàrbara Forés, que en total suman 19 hectareas.

Vendimia 2006 en Bàrbara Forés.
Fotos: Valentina Amore.

El clima es mediterráneo con influencia continental. Del mar, recibe los beneficios de la "garbinada" o el "garbí", un viento que sube por el valle del Ebro y que refresca y humedece las tarde-noches en los días de verano, cálidos y sin lluvias (doy fe del alivio que supone este viento también para las gentes de la Ribera d’Ebre, sin el cual los veranos serían lo más perecido al infierno).
Durante el invierno, el viento que baja por el Ebro es el seco y frío cierzo, el viento del noroeste que nos llega después de haber cruzado las nieves del Moncayo, pero que, gracias a su orografía, no azota a la Terra Alta con tanta virulencia como lo hace en comarcas vecinas.
La pluviometría es escasa y no suele sobrepasar los 500 l/m2 al año.

La composición del suelo es calcáreo-arenosa. Hay que buscar su origen en el cuaternario cuando se depositó este material granulado en los accidentes geográficos como la llanura central de la Terra Alta, dando unos suelos profundos con una cierta capacidad de retención y buen drenaje a la vez.

Las cepas más viejas que pose Bàrbara Forés son las de garnacha blanca con una edad media de unos 50 años. Tradicionalmente esta ha sido la variedad principal de la Terra Alta, con ella se han elaborado los famosos dulces y rancios de garnacha blanca. Según una referencia que he encontrado en la web del consejo regulador, fechada en 1647, fue probablemente Mossèn Onofre Català quien apostó por renovar unas viejas viñas de Malvasía por la Garnacha blanca, argumentando una mejor adaptación al suelo y clima de la comarca.
La otra variedad blanca que cultiva la bodega y que interviene en el blanco joven es la viognier (cepa autóctona del sureste francés).
En lo que se refiere a variedades tintas, cultivan las autóctonas garnacha tinta y carinyena, que cada vez consiguen mayor protagonismo en sus vinos, junto con las foráneas cabernet sauvignon, merlot y sirah. Además, cabe destacar que están trabajando en la recuperación de una variedad tinta casi desaparecida llamada "Morenillo". Esta variedad forma parte del copaje de uno de sus vinos, el Templari.

La vendimia se realiza por fincas y viduños. Según Manuel, en Gandesa ellos son "los primeros en empezar la vendimia y también los últimos en terminarla". Las uvas se recolectan en cajas para no dañar el fruto.

De vuelta a la bodega (en sentido figurado, claro, ya que en las más de dos horas que duró la visita no nos movimos del "celler"), pudimos apreciar cómo habían reconvertido unas instalaciones antiguas en una bodega moderna. Los antiguos lagares o trujales de fermentación subterráneos se han convertido en salas de crianza donde reposan los vinos en barricas de roble francés Allier, como Saury y otras. Se ha habilitado una sala para la fermentación donde los depósitos de acero inoxidable son de unas dimensiones más bien reducidas, lo que permite trabajar cada finca y cada variedad por separado.

En esta sala Carme, la enóloga, sacó unas muestras de la garnacha del Blanco Joven 2007, directamente de la tina de acero. El vino todavía estaba enturbiado, hay que tener en cuenta que estábamos a mediados de noviembre. En nariz plátano, fruta amarilla, muy frutal. Carme estaba muy satisfecha con los resultados de la garnacha blanca del 2007 y estaba barajando la posibilidad de cambiar las proporciones del cupaje del joven reduciendo la porción de viognier y aumentando la de la garnacha.

De El Quintà 2007, el blanco fermentado en barrica, sacó una muestra de una barrica de segundo año. El vino exhibió una nariz delicada y floral. En boca mucho cuerpo y volumen y buena acidez. El objetivo de la bodega es la obtención de blancos con personalidad, algo que consiguen sobradamente con este blanco a tener muy en cuenta. Marida con pescado graso, bacalao, arroces o cordero lechal, entre otros.

Del Rosat probamos un copaje de garnacha tinta y sirah que nos dio notas a fresas y violetas. Tuvo una evolución rápida.

Probamos también una garnacha tinta de un depósito de inox que ya estaba con la fermentación maloláctica.

Por último, bajamos a la sala de crianza y catamos una muestra de una de las barricas de Coma d’En Pou 2006 que se embotellará en junio del 2008.

Antes de abandonar la bodega compramos una selección de vinos de Bàrbara Forés. Entre los que destacan El Quintà 2005, que no tardará en caer, y el Coma d’En Pou 2002, que ya ha caído (y "cayó" bien). También hemos probado el Negre en un par de ocasiones, un tinto con crianza muy recomendable a un precio interesante (10/11€) y el Blanc, el blanco del año.

Coma d'En Pou 2002

Coma d’En Pou 2002

Con los años han ido variando las proporciones de las variedades que intervienen en este vino, y cada vez la garnacha tinta, como variedad autóctona que es, ha ido ganando protagonismo y proporción. En el copaje del 2002 encontramos Garnacha Tinta (42%), Sirah (23,5%), Cabernet Sauvignon (21%), Merlot (13,5%).

La vendimia se realizó manualmente la segunda quincena de septiembre de 2002. La fermentación duró entre 17 y 22 días en depósitos de acero inoxidable, entre 22ºC y 24ºC, con maceraciones largas. Crianza en roble Allier (70% nuevo) durante 16 meses. Finalmente se embotelló en julio de 2004 y nosotros la degustamos en diciembre de 2007, tres años y cinco meses después.

Nota de Cata
Color picota muy cubierto, limpio y brillante, en el que no se aprecia evolución.
Nariz intensa y compleja. Se perciben frutas rojas, frambuesa, violetas y un frescor balsámico entre pino y eucaliptus, sobre un fondo especiado con un toque de notas trufadas.
En boca los sabores son más maduros que los que nos deja intuir la nariz. Presenta buena estructura y equilibrio, con un tanino pulido pero presente y sápido. Muy sabroso, con un final largo y buena evolución en copa.

Un vino que francamente nos sorprendió tanto como nos gustó. La verdad ha sido que tanto la visita a la bodega como los vinos, nos han sabido a más de lo que esperábamos. Al comentarnos las añadas, Carme y Manuel calificaron de muy buenas las últimas cosechas a partir del 2004 (escribo de memoria y no recuerdo bien si había sido mejor el 2005 que el 2006) e insinuaron que el 2002 había sido un año difícil. Como es bien sabido el verano del 2002 fue inusualmente frío y lluvioso. No he probado el 2001, pero creo que este Coma d’En Pou pudo representar el punto de inflexión que marcó la transición hacia vinos más finos y elegantes.


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Celler Bàrbara Forés
C/ Santa Anna, 28. 43780 Gandesa (Tarragona)
Teléfono: 977 42 01 60
Móvil: 620 13 08 14
E-mail: info@cellerbarbarafores.com
Web: www.cellerbarbarafores.com